Por #FidelCastro hago cualquier sacrificio


Fidel Castro disfrutando de una toronja durante una visita al combinado de cítricos de Isla de la Juventud en 1980. (Foto de archivo)

Fidel Castro disfrutando de una toronja durante una visita al combinado de cítricos de Isla de la Juventud en 1980. (Foto de archivo)

Hola Gente!!!! Por estos días de inmensa tristeza afroran los recuerdos, las anécdotas y las historias que relacionan a Fidel Castro Ruz con las personas comunes, humildes, trabajadoras como la ingeniera Marcia Delgado Espinosa, quien en 1980 controlabala la calidad del combinado de Cítricos fundado en 1978 y una tarde de esas que nadie se imagina apareció Fidel.

La ingeniera Marcia Delgado afirma que por Fidel hace es capaz de hacer cualquier sacrificio.

La ingeniera Marcia Delgado afirma que por Fidel hace es capaz de hacer cualquier sacrificio.

Narra Marcia que  «aquella tarde de agosto de 1980 nos tomó por sorpresa. Estábamos en plena faena. En la industria tratábamos de aprovechar toda la toronja que el viento había arrancado. Cuando de repente, alguien vocifera ¡Ahí viene Fidel, ahí viene Fidel!», recuerda la ingeniera Marcia Delgado Espinosa, quien revive aquel instante de exaltación mientras sus gestos así lo manifiestan.
«Recuerdo que estábamos bajo la influencia de los vientos huracanados de Allen, que afectó las plantaciones de cítricos en el territorio. Imagínese por un momento que alguien grita: ¡Viene Fidel! Algunos no terminamos de almorzar. Corrimos disparados para la industria, donde esperaban camiones y camiones cargados de la fruta.
«En ese momento entró en el jeep que siempre utilizaba.  Le aseguro que nadie lo esperaba, insiste. Se bajó tomó una toronja, alguien la descascaró y picó en dos mitades para él y me llamó la atención el modo en que se embarró toda la barba de jugo, sonríe, era como si tuviera mucha sed o ansiedad del fruto, luego sacó un pañuelo blanco para secarse las manos y la cara.
«Inmediatamente y sin protocolo entró a la fábrica. La conocía bien, nos visitaba con mucha frecuencia.
«Recuerdo su andar rápido, firme y seguro. Cuando llegó al sitio donde acopiábamos las toronjas, preguntó si se podía aprovechar toda la fruta.
«Me impresionó el dominio que tenía sobre el procesamiento industrial del cítrico, pero mucho más su preocupación, no solo por la posibilidad de la pérdida de nuestro principal rubro exportable, sino por las personas que estábamos en medio de ese ajetreo, por nuestras familias, viviendas…
«Después, su diálogo se centró en la calidad del producto, la aceptación del jugo y fruta en el mundo. Decía que la toronja era una fruta sana, no solo por el sabor, sino por sus valores nutricionales, imagínense, ya nuestro jugo había ganado medalla de oro en el mercado internacional.
«En lo personal, haber compartido con Fidel algunos momentos de mi vida profesional, es una de las cosas más hermosas que conservo. Atenderlo en la fábrica y conocer que tuvo una buena imagen de nuestra labor, me hace doblemente feliz», dice y pasa su mano por el rostro para enjugar una lágrima, que no pudo evitar.
«Lo recordaré siempre como el ser genial que es, tan humano, con la capacidad de preocuparse siempre por los otros. Oigan… por él…, por Fidel, soy capaz de cualquier sacrificio», ahoga el verbo.
 

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